
El zanate quiere ser igual que el poeta.
Tal vez se parezca en el sigilo,
en la palabra que trae dentro
y que no ha de sacar
mas que con canto metafórico.
Él, es oscuro como el zanate.
En las tardes de caminata
vuela sobre el pueblo...
y aplaude la tradición que se transforma,

y critica la tradición que se estanca.
El zanate grasna poesía para los pobres,
pero la costumbre a su melodía
llena de sordera los oídos del centro...
los oídos del tiempo...
Él, grita en su poesía para los pobres,
pero la costumbre a lo cotidiano
hace insensibles las pieles del centro...
las pieles del tiempo...
(gusta lo estancado, gusta lo estancado)
El zanate no perdona el desdén:
mancha.
El poeta no perdona una mancha:
desdeña.
Pero el zanate siempre querrá ser igual que el poeta...
nunca podrá serlo:
El zanate puede venir a mí, puede ir de pueblo en pueblo
y no olvidarse de su kiosco.
El poeta...
Impávida, desde acá, veo venir al zanate...
¡míralo, aquí está!
Pero nunca más veré al poeta.
Edith Mictecacihuatl
17 de Febrero de 2009
