No sé de dónde vienes...
No sé a dónde vas...
El metro lleva miles de cuerpos,
y también tu melodía.
La chamarra acomodas
al ritmo de tu mente.
Al ritmo de la melodía que esa sustancia te ha creado.
La haz aspirado tantas veces,
como tantas mujeres en el mundo han aspirado el olor de una flor:
te sudan las manos
la ansiedad te carcome
quisieras escapar
¿a dónde?...
No sé si tienes hambre.
No sé si tienes sueño.
No sé de dónde vienes.
No se a dónde vas.
Sólo tocas una guitarra inexistente
con cuerdas rotas.
El olor a orina que desprende tu melodía
no forma parte del olor a caño de esta grandiosa ciudad.
En cambio, el olor de la ciudad
es sinónimo de casas, ranchos y hospedajes;
autos, corbatas y trajes;
bebidas, juntas y drogas finas
(no como las tuyas)
de miles de hombres y mujeres
con vida galante y guarda espaldas...
No sé de dónde vienes...
No sé a dónde vas...
Sólo tocas una guitarra inexistente
con cuerdas rotas.
Edith Mictecacihuatl
