Ayer te amé en nuestra cocina.
La sopa hecha,
hecho el atardecer...
hecha el alma en la olla de peltre,
y hecho el son del destino,
que días más tarde tendría hecho el camino
aplastado por cada pie.
Ya no habitamos esos cuartos,
es cierto.
La cocina donde nos amamos
se trago nuestra felicidad:
las paredes fracturadas
chuparon las entrañas de nuestro sexo...
del tiempo que fue nuestro...
del grito dado en las quinientas noches...
Ayer cerré los ojos...
y amé nuestra cocina.
Edith Mictecacihuatl 27 de febrero de 2009
viernes, 27 de febrero de 2009
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